¿Tus cosméticos siguen haciendo lo mismo por tu piel?

¿Hace cuánto abriste ese cosmético que tienes en el baño?

Puede que tengas varios productos que utilizas a diario y otros que llevan meses esperando su momento. Un sérum que empezaste con mucha ilusión, una crema que utilizabas todas las noches, un contorno de ojos que quedó al fondo del armario o ese producto que compraste porque prometía exactamente lo que tu piel necesitaba.

Y probablemente, cuando miras el envase, ves el símbolo de 12M y piensas: «Todavía está dentro de plazo».

Pero hay algo importante que conviene saber: que un cosmético indique 12M no significa que sus activos vayan a mantenerse exactamente igual durante todo ese periodo.

12M no es una garantía de que el producto funcione igual durante 12 meses

El símbolo del tarrito abierto indica el periodo durante el cual el producto se considera apto para su uso después de abrirlo, siempre que se haya conservado correctamente.

Sin embargo, un cosmético no vive en una burbuja.

Desde el momento en que lo abrimos, entra en contacto con el aire y empieza a estar expuesto a diferentes factores: luz, temperatura, humedad, contaminación o una conservación inadecuada pueden influir en la estabilidad de determinados ingredientes.

Y aquí está la diferencia que muchas veces pasamos por alto:

que un producto siga dentro de su periodo de uso no significa necesariamente que todos sus activos estén exactamente igual que el primer día.

Por eso, además de mirar el calendario, merece la pena aprender a observar nuestros cosméticos.

Tu cosmético también puede darte pistas

A veces, nuestra propia rutina nos avisa de que algo ha cambiado.

¿El producto huele diferente?

¿Ha cambiado de color?

¿Notas una textura distinta a la habitual?

¿Se ha separado la fórmula o ya no se extiende como antes?

¿Y qué pasa con su resultado? Quizá lo más importante sea preguntarte:

¿Siento que este producto sigue haciendo por mi piel lo que hacía al principio?

Porque cuando hablamos de cosmética, no se trata únicamente de cuánto tiempo lleva abierto un producto. También importa cómo lo hemos conservado y cómo responde la fórmula con el paso del tiempo.

Un sérum puede seguir teniendo exactamente el mismo envase y, sin embargo, no encontrarse en las mismas condiciones que cuando lo abriste por primera vez.

¿Y si el problema no es tu piel?

Esta es una pregunta que merece la pena hacerse.

Cuando dejamos de notar resultados, muchas veces pensamos que nuestra piel ha cambiado, que necesitamos añadir otro producto o que ha llegado el momento de buscar una fórmula más potente.

Y puede que sea así.

Pero antes de llenar el baño de nuevos cosméticos, quizá sea interesante revisar lo que ya tenemos.

Porque puede que tengas productos que llevan demasiado tiempo abiertos. O que alguno haya estado expuesto al calor, a la humedad del baño o a una conservación que no era la más adecuada.

Y quizá también haya productos que simplemente ya no necesitas.

Tu piel cambia con el tiempo. Cambian sus necesidades, cambian nuestras rutinas y cambian incluso las condiciones en las que utilizamos nuestros cosméticos.

Tu rutina también necesita revisarse de vez en cuando.

Haz una pequeña revisión de tu baño

Hoy puedes dedicar unos minutos a algo tan sencillo como abrir el armario donde guardas tus cosméticos y mirar qué tienes.

Recuerda cuándo abriste cada producto.

Observa su olor, su color y su textura.

Piensa en cómo lo has estado conservando.

Y, sobre todo, pregúntate si sigue teniendo sentido dentro de tu rutina.

No se trata de tirar productos por tirar ni de obsesionarnos con las fechas. Se trata de ser conscientes de lo que ponemos sobre nuestra piel y de utilizar nuestros cosméticos con criterio.

Porque comprar un producto y utilizarlo durante meses no debería ser un acto automático.

Queremos que cada producto que forma parte de nuestra rutina tenga un sentido. Que esté ahí porque nuestra piel lo necesita y porque confiamos en lo que puede aportar.

Tu piel merece una rutina que funcione para ti

A veces pensamos que para mejorar nuestra piel necesitamos más: otro sérum, otra crema, otro activo, otro producto que promete resultados.

Pero quizá la solución empiece justo al contrario.

Parando. Revisando. Simplificando.

Mirando qué estamos utilizando, desde cuándo lo utilizamos y si realmente sigue aportando lo que buscamos.

Porque una buena rutina no es la que tiene más productos.

Es la que tiene los productos adecuados, bien conservados y adaptados a las necesidades de tu piel.

Así que la próxima vez que abras el armario del baño, no mires únicamente el símbolo de 12M.

Mira también tu piel.
Mira tus productos.
Y pregúntate:

¿Mi rutina sigue dándome lo que necesito?

Si no lo tienes claro, quizá sea el momento de revisarla.

Porque tu piel cambia. Tus cosméticos también. Y tu rutina debería acompañarte.

Con cariño.

Jenifer Alonso

Experta facialista